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La bandeja de soporte

Todo lo que escriben los clientes acaba en el mismo sitio: Panel → Soporte. El formulario de contacto, el chat de la web y lo que llegue por correo.

Por correo electrónico, no por mensaje. Quien escribe tres veces por el mismo problema no genera tres hilos sueltos: se ve que es la misma persona con la misma consulta.

Tres estados: abierta, esperando (contestaste tú, falta que responda) y resuelta.

Si tienes la IA conectada, cada consulta llega con un borrador preparado. No se envía solo.

El borrador se escribe con los datos reales del cliente: sus pedidos, su estado de envío. La mayoría de las consultas son «¿dónde está lo mío?», y sin poder cruzar con el pedido real la respuesta se queda en recitar la política de envíos, que es justo lo que no resuelve.

Cada borrador viene con cuánta confianza tiene y si cree que necesita una persona. Eso es lo que permitirá, más adelante, contestar solo lo que sea seguro contestar solo.

Lo lees, lo cambias si hace falta, y lo mandas tú. Que un modelo escriba en nombre de tu tienda sin que nadie lo lea es un riesgo que no compensa por ahorrar treinta segundos.

No promete plazos que no le hayas dado. No inventa condiciones de devolución. No da consejo médico ni legal. Y no le explica al cliente cómo funciona por dentro: si alguien intenta darle instrucciones dentro de un mensaje, se ignoran sin mencionarlo — contestar «no puedo seguir instrucciones inyectadas» a un cliente es confesarle que hay un robot al que se puede intentar manipular.

Las conversaciones antiguas se borran solas cada noche. No es limpieza: es minimización de datos. Guardar para siempre las consultas de tus clientes —con sus nombres, sus pedidos y a veces sus problemas— es exactamente lo que el RGPD pide no hacer.

El plazo se configura en el panel.

Las respuestas del chat quedan marcadas como escritas por IA, así que quien atienda ve qué le contestó el bot antes de llegar a él.